Aristócrata
Todos me consideran un privilegiado … Todos me envidian … Todos se cambiarían por mí sin dudarlo un segundo … Y sin embargo no entienden que eso que anhelan, desean, envidian ha sido una maldición para mí … Nacido en una familia de las de más rancio abolengo del país … Tantos títulos nobiliarios que no le da a uno la memoria para recordar … Posesiones inmobiliarias en las zonas más selectas de cualquier ciudad … Fincas con los caballos de pura raza, que no pueden faltar en una existencia con pedigrí … Esto me la suda, tengo que confesarlo, pues nunca se me dio la equitación … Yo prefiero el mar … Por supuesto la familia tiene varios yates en los puertos de relumbrón, donde se puede uno codear con la jet set internacional … También tengo un par de veleros … Alguno de ellos con gran valor histórico … Pero en honor a la verdad tengo que decir que me hago un lío con tanta cuerda … En materia de educación no se puede pedir algo más exquisito … Colegios internos en Londres y Lausana … Una ciudad que está en Suiza para quien ande flojo en Geografía … Además, estancias prolongadas en otros países para alcanzar el dominio de todos los idiomas civilizados … El inglés, el francés, el alemán, el italiano … Todo lo demás es pura barbarie … Y por supuesto, el máster en “business” en una universidad americana de las del Ivy League … Por si todo esto no bastara para despertar las envidias, tengo además una planta espectacular … Alto, rubio, atlético … Es la ventaja de los ricos … Que siempre han acaparado a las hembras más hermosas … Así cualquiera mejora la especie … Por supuesto, con esta descripción no creo que sea necesario decir que ligo un montón … Sí, las tías de cualquier condición se derriten cuando me ven bajar de mi Maserati … Estuve dudando entre esta marca y la Ferrari … Al final me compré un modelo de cada marca … Si será por dinero … Pero prefiero el Maserati que es automático … Y esta es la mayor metáfora de mi maldición … Al final acaba uno enganchado a la comodidad … No tiene uno que esforzarse para nada, y acaba huyendo de todo lo que requiera el menor esfuerzo … Esta tragedia no se la puede imaginar toda esa marabunta de infelices que viven su vida al margen del lujo, de la sofisticación, de la belleza … Esos seres anónimos que se compran la ropa por tallas … Que comen en restaurantes con buenos reviews en Internet … Que pagan hipotecas por pisos en el centro de Madrid … Que se hacinan en las playas en verano … Que se comen los atascos a las horas punta … Que viajan apretujados en los aviones como sardinas en lata … Que tienen que conformarse con los cuerpos que les pillen a mano … Y envejecer con esos cuerpos vulgares … O darse a la pornografía en Internet … Que se endeudan para comprar un coche alemán … O para pagar al abogado que les gestiona el divorcio … Que siguen las modas que ven en la tele y se hacen fan del equipo de fútbol de la ciudad … Que se tatúan en sus cuerpos vulgares cualquier mensaje simple, cualquier símbolo convencional … Que encima piensan está cargado de sentido … No, esos individuos perdidos en la masa anónima nunca podrán entender la complejidad de mi tragedia … La exquisitez de mi infelicidad …